lunes, 11 de febrero de 2008

SEÑOR MINISTRO: ¡NO ME TOQUE LAS... "CAMPANAS"!


¡Ay, Señor… Lo que hay que oír…!

Bueno, no piensen ustedes que me he equivocado y que ya no hay artículo, pero es que lo de hoy es tan… ¿? Es que ya no sé como calificarlo, como dicen las niñas pijas: “¡Qué fuerte!”

Y es que este Gobierno nuestro de cada día parece que está jugando al ¿Cómo voy a sorprender hoy al personal? Y discurre, ¡uhhhhh, que si discurre! Y esas ocurrencias son, a veces, de lo más ocurrentes (valga la redundancia, que se dice) o eso es lo que se creen ellos, claro. Piensan como hombres, y se quedan tan panchos y tan anchos después de decir las gili…s que dicen.

Sólo a un “señor” ministro de Sanidad se le ocurre clasificar a las mujeres, físicamente hablando, en tres tipos según su constitución. A saber: “Campana, cilindro y diábolo”. ¡Hale, y ahí queda eso! Palabra de ministro, que no es palabra de Dios, pero para el caso, como si lo fuera.

Miren ustedes, yo estoy que no quepo en mí, no sé si es por la incredulidad que siento después de haber escuchado semejante ¿desvarío? O por la consternación que me produce el saber que realmente la noticia es cierta.

Por otra parte, la angustia me corroe sólo de pensar que dentro de poco va a empezar la primavera y que una va a tener que ir a comprar ropa. Si ya antes de “esto” era un suplicio ir a buscar las prendas en la sección de tallas grandes, porque hoy día, a cualquier cosa llaman tallas grandes en las tiendas. Veamos, tu entras en el local y empiezas a mirar ropa, y revuelves y compruebas los tamaños.., y entonces viene una señorita y te dice muy amablemente pero con cara de sorna: “Perdone, señora, la sección de tallas grandes está allí”, señala con el dedo acusador el último rincón del establecimiento; escondido al fondo junto a los probadores, se apiña un grupo de prendas, como si estuvieran marginadas, oye, como si fueran de segunda categoría o algo parecido y no te queda más remedio que ir, cabizbaja, a la susodicha sección o marchar, indignada, sin nada y pensando, “ésta se va a enterar, mañana mismo me pongo a régimen y dentro de un mes vuelvo y me compro toda la ropa que me de la gana sin tener que ir a las tallas grandes”. Una estupidez, por supuesto, porque aunque lo consigas, esa señorita no se va a acordar para nada de ti por mucho que tu te empeñes en decirle que antes usabas una talla enorme, pero que ya no. Ya ves lo que le va a importar a ella el asunto.

Pues les decía a ustedes, que si antes era un suplicio, ahora ¿qué va a serrrr? Un martirio chino, por lo menos. Porque, vamos a ver las opciones: Las prendas estarán diseminadas por la estancia en tres grupos distintos. O sea, uno pondrá campana, otro cilindro y otro diábolo. Y digo yo, después también habrá otra parte que ponga “tallas grandes de campana, o de cilindro, o de diábolo”. Porque hay campanas, campanonas y campanitas, ¿o no? Y con los cilindros y los diábolos pasa lo mismo. Y encima, antes de ir a comprar hay que saber a qué categoría pertenece una menda, qué menos, oye, que saber si repicas, ruedas o giras.

¡Uhhh, vaya lío! Mire, señor ministro, yo si fuera usted me replantearía la cuestión porque sepa que tiene a todo el mundo en contra, las mujeres aquí, en este país nuestro y gracias a las ocurrencias de a saber quién, estamos hartas de tanto machismo, si antes se nos consideraba a veces como “mujer objeto” en muchas situaciones, fíjese ahora con semejantes calificativos. Las dependientas de las tiendas van a acordarse a menudo y malamente de quien inventó esa idea disparatada, y las gorditas o sea las “campanas” imagínese usted lo que van a pensar y a decir…

¿Qué pasaría por ejemplo si nosotras les clasificáramos a ustedes, los hombres, según el tamaño en badajo, botellín y peonzo, por ejemplo? Les gustaría eso, eh, señores; pues ya saben: “o aquí jugamos todos o rompemos la baraja”.

Campana, cilindro y diábolo… Y en sus casas, señores pensantes del Ministerio de Sanidad ¿Cómo se califican sus señoras esposas, hijas, madres…? Me encantaría saberlo, caballeros.

¡Ay… Señor… Lo que hay que oír…!

Emma Rosa

3 comentarios:

Manuel Cubero Urbano dijo...

Creo que la señora del ministro le aplica a éste el formato "Bombilla": quiere verlo con el cuello retorcido y las tripas ardiendo...
je, je.

Anónimo dijo...

GENIAL
Me llevo riendo media hora.
Pero tienes más razón que un santo.
Alena.

Anónimo dijo...

Lo que es genial es el chiste de la bombilla, y como Alena ( Alenita, que le pasa a tu foro, hija ? ) me he reido con ganas, con muchas ganas. Gracias por ese hallazgo, Manuel.